Chequia
Praga es tan bonita como dicen y, precisamente por eso, está llena. La diferencia entre un viaje agobiante y uno que recuerdas está en las horas: ver lo famoso temprano y dedicar el resto del día a lo que no sale en todas las fotos.

Una ciudad que hasta 1993 era la capital de mi país
Para un eslovaco, Praga no es del todo extranjera. Hasta 1993, Eslovaquia y Chequia formaban un mismo país, Checoslovaquia, y Praga era su capital. El idioma se entiende sin esfuerzo y la comida se parece mucho a la nuestra, así que la miro con menos distancia que la de un turista.
Para un viajero español conviene saber algo práctico desde el principio: Chequia no usa el euro. La moneda es la corona checa y, aunque casi en todas partes aceptan tarjeta, es mejor pagar siempre en coronas y rechazar la conversión a euros que a veces ofrece el datáfono.
El puente de Carlos y el reloj astronómico, temprano
El puente de Carlos, empezado en el siglo XIV, une la Ciudad Vieja con Malá Strana y es probablemente la imagen más conocida de la ciudad. A mediodía es un río de gente. Al amanecer, con las estatuas a contraluz y el castillo al fondo, es otro lugar. Si solo vas a madrugar un día en Praga, que sea para esto.
Lo mismo vale para la Plaza de la Ciudad Vieja y su reloj astronómico, que funciona desde 1410. Cada hora en punto se asoman las figuras de los apóstoles y una multitud levanta los móviles a la vez. Merece la pena verlo una vez; después, mejor mirar la plaza desde una calle lateral, con un café.

El castillo y Malá Strana, cuesta arriba
El castillo de Praga no es un edificio, es un recinto entero: palacios, patios, la catedral de San Vito y el Callejón del Oro con sus casitas de colores. Por los patios se puede pasear sin entrada; para ver por dentro la catedral y los interiores hace falta billete.
Para llegar, lo mejor es subir a pie desde Malá Strana por la calle Nerudova o por las escaleras del castillo. Es cuesta arriba, pero el barrio de abajo, con sus iglesias barrocas y jardines escondidos, es de lo mejor de la ciudad. Si prefieres no subir, el tranvía te deja arriba y bajas caminando.

Vyšehrad y Letná: Praga sin multitudes
Cuando el centro se llena, Vyšehrad es la respuesta. Es una antigua fortaleza sobre el río, al sur del centro, con murallas por las que se pasea, una basílica neogótica y el cementerio donde descansan Dvořák y Mucha. Se llega en metro y apenas hay grupos organizados.
Al otro lado del río está el parque de Letná, en una colina desde la que se ven los puentes del Moldava uno detrás de otro. En verano tiene una cervecería al aire libre donde la gente de Praga se sienta con una jarra mientras se pone el sol. Es la Praga en la que se vive, no la que solo se visita.
Cerveza, knedlíky y precios del centro
La cocina checa es de cerdo, salsas y knedlíky, una especie de pan cocido al vapor que se sirve en rodajas. Un plato típico es la svíčková: ternera en salsa de nata y verduras con arándanos. Para beber, cerveza: Chequia lleva años encabezando el consumo de cerveza por habitante en el mundo, y se nota en cada barrio.
Un aviso: en las calles alrededor de la Plaza de la Ciudad Vieja los precios son de zona turística y la calidad no siempre los justifica. Basta con alejarse un par de paradas de tranvía o de metro, hacia Vinohrady o Karlín, para comer mejor y pagar menos.

Cómo llegar y moverse
Desde Alicante, donde vivo, hay vuelo directo a Praga en algo menos de tres horas, aunque no todos los días: la frecuencia cambia según la temporada. Desde Madrid es más fácil, con un par de vuelos directos al día entre Iberia, Ryanair y Smartwings, y desde Barcelona vuelan directo Vueling, Ryanair y Smartwings en unas dos horas y media. Del aeropuerto al centro hay un autobús Airport Express hasta la estación central, que en 2026 cuesta 200 coronas, y también líneas urbanas que enlazan con el metro.
En la ciudad, el transporte público funciona muy bien. En 2026 el billete de 24 horas cuesta 140 coronas en la aplicación oficial PID Lítačka y el de 72 horas, 340. Con eso y buen calzado no necesitas más. Si quieres dormir en Malá Strana o en la Ciudad Vieja, reserva con tiempo: puedes comparar hoteles en Praga y elegir uno desde el que todo quede a pie.
Praga no se disfruta más con más días, sino a mejor hora.
Y lo que Praga no es
No es un secreto. Es una de las ciudades más visitadas de Europa y, entre la Plaza de la Ciudad Vieja, el puente de Carlos y el castillo, en temporada alta caminarás entre grupos organizados. Tampoco es una ciudad de clima suave: en invierno hace frío de verdad, y en verano el centro puede ser sofocante.
Lo digo a propósito. Es mejor saberlo antes que descubrirlo allí. Quien llega sin plan y a mediodía se va con la sensación de haber hecho cola en un decorado; quien madruga y sale del centro se va con ganas de volver.

Para quién es Praga
Praga en resumen
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